El Real Madrid destrozó la maldición de octavos de final que le asolaba en las seis últimas temporadas, y con el toque de entrenador de José Mourinho demostró que ha aprendido a competir, aguantó en pie los momentos de tensión ante el Olympique de Lyon, y acabó goleando 3-0 para relanzar la ilusión del madridismo.
Mourinho ha devuelto la autoestima perdida al "campeón de campeones en Europa", como el técnico portugués define al Real Madrid. Su primer objetivo está cumplido. El descrédito del conjunto madridista en la competición de más prestigio a nivel de clubes echa el freno. El madridismo comienza a soñar con la ansiada 'Décima'.
El Bernabéu pasó del silencio estremecedor en el minuto guardado por las víctimas en Japón a un ambiente intimidador. Duró poco, lo que tardaron en aparecer fantasmas del pasado. Hay miedos que se instalan en las cabezas de los jugadores. Se heredan. Situaciones de riesgo en las que se imponen aquellos que saben competir. Años sin ganar una eliminatoria se plasmaron en momentos de duda. Seis temporadas de sonoros fracasos era un peso encima difícil de quitar.
Regresaba el icono del equipo. Cristiano Ronaldo saltó al césped sin estar al cien por cien. Su presencia era clave para Mourinho. Es un factor intimidatorio. Aporta tanto en lo individual que por el camino no importa renunciar a un estilo. Sin él, el Real Madrid juega más en equipo. El fútbol pierde elaboración.
Quiso impresionar de inicio el Real Madrid. Salió en tromba. Cristiano lanzó a las nubes una nueva falta, mostrando que el nivel de eficacia sube con Xabi Alonso y Özil. Al alemán le faltaron milímetros para llegar a un pase en profundidad de Marcelo. No se habían cumplido cuatro minutos y aparecía en escena el brasileño.
Fue decisivo. Encontró en su carril una autopista que recorrer sin límite de velocidad. Revelliere no sabía por donde le pasaban. Un cabezazo de Marcelo lo despejó Lovren cuando se dirigía al gol. Un zurdazo escorado lo sacó Lloris ajustado al palo.
El Lyon no se iba a dejar avasallar. Demostró empaque. Con un buen posicionamiento, adelantó metros y se adueñó del balón. Generó inquietud a un Bernabéu que tiene en la retina recientes descalabros europeos. Siempre se vio superior al rival, hoy el respeto y la humildad eran patentes.
Tanto que los dos 'diablos' ofensivos, los argentinos Delgado y Lisandro, comenzaron a crear nerviosismo en los centrales. Pepe (sobre-excitado en los partidos claves) y Carvalho vieron cartulinas amarillas. Casillas tuvo que intervenir ante un derechazo ajustado del 'Chelo'. El Real Madrid necesitaba el balón. Xabi Alonso debía aparecer. Añoraba a Esteban Granero.

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